Algunas amenazas son demasiado grandes para el ejército de cualquier reino, y la Niebla Negra es exactamente ese tipo de amenaza. Los Sentinels of Light se formaron como respuesta: una banda reunida de todo Runeterra en lugar de una sola nación, unida por la creencia de que la ruina debe enfrentarse con una resistencia igualmente sin fronteras. Ninguna corona por sí sola podría haber organizado una respuesta tan dispersa, y ninguna lo intentó.
Esa lógica de reclutamiento explica por qué las filas del grupo a menudo se superponen con figuras que ya vivían al margen de cualquier lealtad fija, personas para quienes cruzar al territorio de un extraño para luchar contra el monstruo de otro nunca fue una novedad:
- Lucian, el Purificador, cuyo título se lee casi como una declaración de intenciones para la causa y cuya cacería precede con creces al grupo mismo.
- Jax, Gran Maestro de Armas, un luchador ya acostumbrado a enfrentarse a amenazas demasiado antiguas y demasiado extrañas para que los soldados comunes las tomen en serio.
- Bard, el Guardián Errante, cuyas preocupaciones nunca estuvieron limitadas por las fronteras de ninguna nación, con encargos cósmicos que primaban sobre el mapa de cualquier reino.
La misma oscuridad que los Centinelas fueron creados para resistir tiene la costumbre de producir sus propios reclutas para el otro bando. Mordekaiser, el Revenant de Hierro, Aatrox, la Espada Darkin, y Nocturne, la Pesadilla Eterna, representan todos ese tipo de hostilidad antigua y asfixiante que hace necesaria en primer lugar una respuesta que cruce Runeterra, fuerzas lo bastante antiguas y lo bastante hambrientas como para que ninguna frontera fuera a detenerlas tampoco.
Situados entre esos dos extremos, los Centinelas funcionan menos como una orden convencional y más como una respuesta permanente a un problema permanente: allí donde la ruina se extienda después, encontrará gente ya dispuesta a cruzar a territorio desconocido para enfrentarla, con o sin invitación de quien gobierne la tierra donde aterrice. La pertenencia, en ese sentido, importa menos que la voluntad, y la voluntad es lo único que la fundación del grupo nunca tuvo que negociar.