La historia de Aatrox
Mucho antes de convertirse en un nombre temido en la top lane, Aatrox desempeñaba un papel muy distinto. Él y los suyos se interponían entre Shurima y el Void que avanzaba, con un poder lo bastante grande como para cambiar el rumbo de aquella batalla. Esa confianza no duró: los mismos seres encargados de defender el imperio se convirtieron en una amenaza que este ya no podía tolerar, y los mortales tuvieron que recurrir a una magia astuta en lugar de a la fuerza de las armas para derribarlos. El castigo fue el encarcelamiento dentro de hojas encantadas, destinadas a contenerlos para siempre.
No funcionó. Aatrox fue el primero de sus hermanos en liberarse, y su libertad tuvo un precio que pagaron otros. Quienquiera que recogiera el arma que una vez lo contuvo quedaba transformado por ella, con su cuerpo reclamado como nuevo recipiente para su regreso. Lo que ahora recorre Runeterra es una copia tosca de su forma original, cosida con carne que nunca fue suya, persiguiendo un ajuste de cuentas que lleva siglos esperando. Deathbringer Stance permite que cada golpe potenciado arranque vida para alimentarlo, mientras que World Ender lo empuja hacia algo cercano a su verdadera forma demoníaca, alimentándose de asesinatos para mantenerse así más tiempo.
La Darkin Blade que blande como ataque característico es el recuerdo del mismísimo arma que lo mantuvo prisionero, ahora usada para abrir viejas heridas con tres golpes. Infernal Chains y Umbral Dash existen para acortar distancias con cualquier objetivo que haya despertado su furia, pues nada en su camino importa tanto como la venganza que se le debe. No responde ante ninguna nación en concreto, encajando perfectamente en el contexto más amplio de Runeterra, descrito como un terreno compartido por viajeros y seres ancestrales leales a ningún lugar. El mismo catálogo incluye una entrada para Kindred, otra figura cuya antigüedad y propósito la sitúan fuera de cualquier patria ordinaria.
Galería de arte de Aatrox


