La historia de Bard
Nadie en Runeterra puede decir con certeza de dónde vino Bard, solo que llegó de algún lugar más allá de las estrellas y nunca se fue del todo. Se mueve por el mundo como un agente de la serendipia, empujando los acontecimientos de vuelta hacia el equilibrio siempre que el caos amenaza con inclinar las cosas demasiado. Las canciones escritas sobre él no coinciden en casi nada, excepto en un punto: no puede resistirse a un artefacto tocado por verdadero poder mágico.
Rara vez viaja solo. Un alegre coro de meeps espirituales lo sigue a todas partes, pequeños ayudantes que hacen que sea difícil interpretar sus acciones como algo que no sea bienintencionado, por extraños que parezcan sus métodos desde fuera. La propia lógica de Bard no siempre es legible para las personas a las que ayuda, pero el equilibrio que protege tiende a mantenerse en pie una vez que termina.
Su kit refleja fielmente esa descripción:
- Llamada del viajero: los meeps que acompañan sus ataques y se vuelven más fuertes a medida que recolecta Campanas.
- Atadura cósmica: un misil que ralentiza y puede aturdir entre dos objetivos alcanzados.
- Santuario del guardián: un punto de curación que recompensa la paciencia al volverse más fuerte antes de usarse.
- Viaje mágico: un portal unidireccional a través del terreno, abierto tanto para aliados como para enemigos.
- Destino templado: su definitiva, que encierra todo lo que toca, amigo o enemigo, en estasis.
Incluso sus aliados señalan que Bard no distingue con claridad entre bandos cuando lanza esa última habilidad, un rasgo propio de un vagabundo que responde a un equilibrio más grande que cualquier facción, incluidos campeones como Kindred que también existen en cierto modo al margen de los conflictos habituales de Runeterra.
En la Grieta suele ocupar el rol de support, y ocasionalmente el de mid, impulsado por Maná como muchos de los vagabundos más extraños de Runeterra. Otros campeones sin tierra fija, como Fiddlesticks, comparten esa misma cualidad sin raíces, aunque pocos la llevan con la alegre indiferencia de Bard hacia las consecuencias.
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