La historia de Fizz
Fizz vive entre los arrecifes que rodean Bilgewater, un puerto en el que no faltan piratas, cazamonstruos y contrabandistas que surcan sus aguas. Es un yordle anfibio, igual de cómodo en tierra que bajo las olas, y ha hecho del propio mar una especie de ocupación secundaria.
Los capitanes supersticiosos llevan mucho tiempo arrojando diezmos al agua para aplacar a lo que sea que espere abajo, y Fizz suele ser quien los recupera y, según su humor, los devuelve. Hasta los marineros más curtidos de Bilgewater saben que no deben provocarlo, pues existen numerosas historias aleccionadoras sobre quienes lo subestimaron y pagaron por ello. Muchos lo confunden con una especie de espíritu oceánico caprichoso en lugar de un yordle, y él no hace nada por corregir esa impresión, ya que comandar a las criaturas de las profundidades y confundir a todos a su alrededor, amigo o enemigo, parece divertirle más que cualquier explicación.
Esa escurridiza naturaleza se traslada directamente a su forma de combatir. Luchador ágil, su pasiva, le permite atravesar unidades directamente a la vez que reduce el daño plano que recibe de cualquier fuente. Ataque de erizo lo hace avanzar atravesando un objetivo con efectos de impacto adheridos, Tridente de piedramar hace que sus ataques sangren a los enemigos con el tiempo y se puede potenciar para un estallido de daño adicional, y Travieso/Embaucador lo lanza saltando sobre su lanza, sin poder ser objetivo, con la opción de volver a saltar antes de volver a caer con fuerza. Su definitiva, Cebo de aguas, lanza un pez que ralentiza al campeón al que se adhiere antes de que un tiburón emerja desde abajo, lanzándolo por los aires y castigándolo aún más. Nada en Fizz se queda donde lo esperas, ni dentro ni fuera del agua. Como puede caminar directamente entre los súbditos, se desliza de un lado a otro de una oleada para acertar su golpe potenciado de tridente antes de que nadie se dé cuenta de que se ha comprometido con el intercambio, y cuando ese golpe acierta, su daño sube brevemente — una ventana que los rivales mejor harían en esperar a que pase que en probarla.
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