La Historia de Kog'Maw
Kog’Maw no llegó al mundo tanto como fue expulsado de él. Emergió de una incursión del Void en descomposición en los páramos de Icathia, un nacimiento que lo dejó con una boca cáustica y siempre abierta, y con muy poca idea de qué era en realidad todo lo que lo rodeaba. Su solución a esa ignorancia es simple: roer y babear sobre lo que sea que encuentre, tratando cada objeto y cada criatura como algo que debe saborear antes de poder comprenderlo.
Nada de esto hace que Kog’Maw sea malicioso, exactamente. Donde Kha’Zix caza con cálculo y Kassadin caza por dolor, Kog’Maw simplemente sigue su curiosidad dondequiera que lo lleve, y su ingenuidad es peligrosa precisamente porque nunca llega envuelta en una hostilidad obvia. Un frenesí alimenticio de Kog’Maw no nace del hambre ni del odio; es simplemente lo que ocurre cuando la curiosidad sin límites se topa con algo nuevo y, en lo que respecta a Kog’Maw, comestible. Quien esté cerca cuando esa curiosidad se impone rara vez tiene tiempo de explicar que no era, de hecho, comida.
Sus habilidades se construyen en torno al alcance más que a la sutileza. Saliva Cáustica corroe la armadura y la resistencia mágica de un objetivo mientras acelera los propios ataques de Kog’Maw. Bombardeo Bio-Arcane extiende su alcance de ataque y añade un porcentaje de la salud máxima del objetivo como daño adicional en cada golpe, lo que le permite amenazar a criaturas mucho más grandes de lo que su tamaño sugeriría. Cieno del Void deja un rastro ralentizador detrás de un proyectil corrosivo, y Artillería Viviente, su definitiva, dispara desde una distancia genuinamente enorme, golpeando más fuerte contra enemigos que ya tienen poca salud. Incluso la muerte no lo detiene del todo: la pasiva, Sorpresa Icathiana, hace que Kog’Maw explote cuatro segundos después de morir, un último acto curioso y descuidado dirigido a quien siga en pie lo bastante cerca como para sentirlo. Ni siquiera en la muerte puede resistirse a descubrir qué pasa después.
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